Un paseo improvisto por Quito, Parte 2

Esta es una continuación a Un paseo improvisto por Quito, Parte 1.

Sábado en la tarde

Bien, entonces en un país lejano, sin hospedaje, sin alimento y con una mochila sólo con lo necesario. Por supuesto, lo primero que hay que hacer es conseguir un café internet para averiguar dónde puedo hospedarme. Una de las calles más largas de Quito es la Avenida Amazonas. Esta vía llega hasta el aeropuerto y pasa muy cerca de la zona de Foch-Mariscal y muy cerca de las oficinas de la Policía Judicial.

Cerca de las oficinas de la Policía Judicial hay varios cafés internet, y entro a uno de ellos.

La búsqueda de hostales afortunadamente tiene muy buenos resultados, apunto un par de ellos, busco en Google Maps cómo moverme. A esta altura ya me había podido comunicar a casa y me habían mandado los documentos necesarios. Los imprimo y salgo a buscar dónde hospedarme.

Restaurante Mamá Clorinda

A final de cuentas no me quedé en ninguno de los hostales que encontré en Internet, pues finalmente al buscar algunos de ellos acabé en una zona de hostales. Llegué a uno que se llama el Hostal Sunrise (o bien, El viajero Feliz). Estuvo súper bien, fue de 8 dólares la noche, tenía Wi-Fi y agua caliente. Me quedé en el cuarto 8, el cual consistía de: 1 cama, 1 buró, 1 póster de Nirvana. Bien, ya tenía mi centro de operaciones. Aún necesitaba imprimir algunas cosas más, pero que tenía que enviar desde la Laptop. El Wi-fi funcionó de maravilla y las mandé. Fui a imprimir. Comí-cené en Mamá Clorinda, un restaurant de comida Ecuatoriana en la zona de Foch-Mariscal. El platillo fue Fritada. Es carne de cerdo y la sirven con algo así como plátanos apachurrados cocidos, granos para pozole aplastados. Dato curioso: En Ecuador tienen una salsa que sí pica decentemente. De tomar, una copa de vino tinto.

Al regresar al hostal caí tremendamente dormido como a eso de las 8 de la noche. Ya el domingo sería otro día.

Domingo

El domingo comenzó el paseo. Por ahora ya había hecho todo lo necesario para avanzar con el trámite de lo del pasaporte, y no podía hacer más. El domingo no abre nada. Tocó un día soleado. Lo primero que hize fue tomar el bus que toma la avenida Amazonas y me bajé en el Parque del Sol. Es un parque muy grande de Ecuador a donde va la gente a correr y las familias a pasear. Le di una vuelta a la pista, caminé un rato y acabé de leer Figuras Equivalentes y Equidescomponibles.

Plaza del Sol

Para cuando terminé de leer, ya habían abierto la Plaza del Sol, que queda al lado del parque. Es una plaza muy padre. Tiene un estilo como Plaza Delta, sólo que en cada piso “sí da la vuelta”. Había que reabastecerse, así que mi próxima parada fue un supermercado un poco más adelante también sobre Avenida Amazonas. Compré muffins, atún, aceitunas, duraznos, leches de sabores y chocolates (blancos). Regresé al hostal, dejé las cosas y mi próxima parada fue hacia el otro lado, hacia la Alameda. Antes de esto pasé por un mercado de artesanías y aproveché para comprar recuerdos (cosa que no había hecho aún). Llegué a un parque que está al extremo sur de Av. Amazonas. Lo caminé, estuve malabareando un rato hakis recién comprados y fui a comer. Acabé en un KFC, pues me dió mucha tentación comer ahí. Bonus: obtuve un cuchillo y tenedor plásticos para el resto de la aventura con los cuales pude comer mi atún : ).

Frente al Ministerio de Agricultura

La tarde fue un poco más tranquila. Regresé al cuarto del hostal y me puse a ver un par de episodios de Lie to Me, mientras cenaba mi atún con aceitunas (¡con los cubiertos que conseguí!). El hombre que atendía el hotel me prestó una guía de Ecuador que complementó muy bien una guía que me regalado Ian.

Averigué dónde estaba la embajada de México y cómo podía llegar. Resulta que en Quito tienen una cosa tipo metrobús, pero que se llama la Ecovía. Es la misma idea, sólo que no pagas con tarjeta, sino con cambio (una moneda de 25 centavos para usarlo). La Ecovía recorre una gran parte de la Avenida 6 de Diciembre, y la embajada de México estaba sobre 6 de Diciembre, casi esquina con Naciones Unidas. Sabiendo esto, sali en la noche para tomar la ruta y saber cómo le iba a hacer el lunes. Uno nunca sabe con qué sopresas se puede esperar en un día hábil.

Lunes en la mañana

La primera cosa que tenía que hacer el lunes era ir por mi pasaporte. Preparé mi folder con documentos, desayuné un par de muffins con una leche sabor vainilla. Los acompañe con un durazno. Tome la ruta que ya había practicado la noche anterior y no hubo ninguna eventualidad. Llego a la embajada, toco el timbre, me abren y ¡uff! vero una fila enorme. “Chin,” pensé, “esto va a tomar horas”. El pensamiento sólo duró un par de momentos, en lo que me preguntaban “¿Viene por la visa?” y les digo “No, soy mexicano y vengo a tramitar un documento perdido”, “Ah, entonces pase a ventanilla, lo atienden directamente”. Sonrío mentalmente.

Llego a la susodicha ventanilla, de esas que es más fácil ver de adentro para afuera que de afuera para adentro. No termino de plantearles a lo que vengo cuando me interrumpen: “¡Ah!, usted es Leonardo Martínez. Llamaron del Hotel Quito, que el taxista devolvió el pasaporte y lo tienen ahí.” Y entonces me quedé con una extraña sensación de alegría mezclada con y-ahora-que-hago con todos los papeles que traje. Pero por supuesto, al final reconocí que eran buenas noticias : ).

Edificio Random de Quito

Tomo de nuevo la Ecovía, para que me acerque al Hotel Quito. Me bajo, tomo un taxi y voy a preguntar al mostrador. Me la hacen un poco de emoción. “No, pues no reportaron nada. ¡María! ¿Sabes de un pasaporte que trajeron?” “No, no se nada”. A punto estaban de hablar a la embajada cuando sale el gerente, con un gafete en la mano y me lo entrega. ¡Yeah!

De esta forma, se aceleró un poco lo de recuperar el pasaporte, de forma tal que aún me quedaba un día completo para hacer muchas cosas. A partir de aquí el resto del viaje ya era turístico. En la próxima y última parte hablaré del teleférico de Quito, de su centro histórico, un par de buenas comidas y el desenlace de la historia.

Sigue leyendo en Un paseo improvisto por Quito, Parte Final

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