Confronta la realidad

Esta es una entrada traducida de la serie Raw Nerve de Aaron Swartz. La entrada anterior es Entra en el dolor.

Somos capaces de creer cosas que sabemos que no son ciertas, y luego, cuando finalmente nos prueban que estamos equivocados, de reinterpretar imprudentemente los hechos para mostrar que estábamos bien. Intelectualmente, es posible llevar acabo este proceso por un tiempo indefinido: el único problema con esto es que tarde o temprano una creencia falsa choca contra la realidad, usualmente en un campo de batalla.

George Orwell “In front of your nose”

Si quieres entender a los expertos, necesitas empezar encontrándolos. De esta manera, los psicólogos que quieren entender el “desempeño experto” empiezan poniendo pruebas a supuestos expertos para ver realmente qué tan buenos son.

En algunas áreas esto es sencillo: en ajedrez, por ejemplo, los grandes jugadores pueden derrotar a los amateurs de una manera consistente. Pero en otras áreas, es mucho, mucho más difícil.

Consideremos la erudición. En su enorme estudio de 20 años de predicciones expertas, Philip Tedlock encontró que alguien que simplemente predecía que “todo simplemente estaría igual” estaría en lo correcto más frecuentemente que casi todos los eruditos profesionales. O considera la terapia. Numerosos estudios han mostrado que una hora con un extraño es tan buena como una hora con un terapista profesional. En un estudio, por ejemplo, las sesiones con profesores no entrenados ayudaron estudiantes de universidad neuróticos tanto como las sesiones con terapistas profesionales (Esto no es para decir que la terapia no es útil – los mismos estudios sugieren que sí lo es – sólo que lo que es de ayuda es hablar acerca de tus problemas por una hora, nada acerca del terapista).

Como es de esperarse, ni los eruditos ni los terapistas son grandes fans de estos estudios. Los eruditos intentan escabullirse de ellos. Como Tetlock escribe; “el truco es poner tantos calificativos a tus predicciones vagas como para que estes posicionado para explicar casi cualquier cosa que pasa. China tendrá algunos problemas regionales, pero sólo si el liderazgo chino no logra manejar ciertos tratos de manera suave y sólo si el crecimiento global económico se estanca por un periodo medido de tiempo y sólo si…” Los terapistas suelen enunciar a toda la gente con problemas que han ayudado con sus técnicas sofisticadas (evadiendo la pregunta de si alguien menos sofisticado pudo haber ayudado aún más). Lo que ninguno de los grupos puede hacer es apuntar a evidencia clara de que lo que hacen funciona.

Compáralos con un gran maestro en ajedrez. Si intentas decirle a este gran maestro que no es mejor que un profesor cualquiera de universidad, puede simplemente jugar contra un profesor y mostrar que estas equivocado. Cada vez que juega, se enfrenta con evidencia irrefutable de éxito o fracaso. Pero los terapistas pueden sólo a veces sentir que están ayudando – acaban de llevar a su cliente a través de un momento difícil de su niñez – cuando en realidad no están haciendo una diferencia.

Sintetizando cientos de estos estudios, K. Anders Ericsson concluyó que lo que distingue a los expertos de los no expertos es que se involucren en lo que él llama “práctica intencional”. La práctica no es suficiente – puedes sentarte y hacer predicciones todo el día sin volverte mejor en ello – tiene que ser un tipo de práctica en el cual recibes “retroalimentación inmediata e informativa y conocimiento de los resultados”.

En ajedrez, por ejemplo, descubres rápidamente si hiciste un movimiento sabio o un error desastrozo, y es todavía más obvio en otros deportes (donde practicando tiros libres se vuelve muy obvio si no encestaste). Como resultado, los jugadores de ajedrez pueden intentar tácticas distintas y aprender cuáles funcionan y cuáles no. Nuestro erudito no es tan afortunado. Predecir una ola de revoluciones en los siguientes veinte años puede parecer muy emocionante en el momento, pero pasarán 20 años antes de ver si era una buena idea o no. Es difícil obtener mucha práctica intencional en ese lapso.

He notado que la gente muy ambiciosa suele caer en este tipo de trampa. Cualquier fulano puede predecir qué va a suceder mañana, piensan, pero quiero ser realmente fantástico, así que tomaré un desafío mucho más grande: voy a predecir qué sucederá en cien años. Esto viene en muchas formas: en vez de construir otro sitio bobo como Instagram, voy a inventar la inteligencia artificial; en vez de simplemente hacer otro experimiento aburrido, voy a escribir un gran trabajo de teoría social.

Pero ser grande no es tan fácil como simplemente elegir una gran meta – de hecho, elegir una meta difícil evade la realidad tanto como elegir una muy fácil. Si eliges una meta fácil, sabes que siempre vas a tener éxito (porque es fácil); si eliges una realmente difícil, sabes que nunca vas a fallar(porque siempre va a ser muy pronto como para decir que fallaste). “La inteligencia artificial es realmente un problema grande – ¿cómo esperan que triunfemos en una década? Pero estamos progresando, lo prometemos”.

El truco es ponerse pequeños desafíos en el camino. Si tu empresa que está iniciando realmente va a ganar millones de dólares, ¿puedes empezar haciendo que gane diez? Si tu libro va a persuadir a todo el mundo, ¿puedes empezar persuadiendo a tus amigos? En vez de mover todas las pruebas de éxito para el futuro indefinido, observa si puedes pasar una pequeña pruebaa ahora mismo.

Y es importante que pruebes la cosa correcta. Si estás escribiendo un programa que va a hacer que la vida de las personas sea más sencilla, lo importante no es que a la gente le guste tu esbozo; es si puedes hacer un prototipo que realmente mejore sus vidas.

Uno de los más grandes problemas con escribir libros de autoayuda es que la gente realmente haga caso a tus consejos. No es fácil contar una historia convincente que cambie la forma en la cual la gente ve sus problemas, pero resulta ser mucho más fácil que escribir algo que realmente convenza a alguien a levantarse del sillón y cambie la forma en la que vive la vida. Hay algunas cosas en las cuales la escritura apoya mucho, pero forzar a la gente a levantarse y hacer algo no es una de esas.

La ironía, por supuesto, es que los libros son totalmente inútiles a menos que hagas caso a su consejo. Si nada más los lees, pensando “¡eso es tan inspirado! cambia todo” pero nunca haces algo distinto, entonces muy rápidamente el sentimiento se va a pasar y vas a empezar a buscar otro libro para llenar el vacío. Chris Macloed le llama a esto “adicción a las epifanías”. Cada vez la gente siente que hay encontrado un nuevo descubrimiento que cambiará su vida, se sienten energetizados por un rato sin realmente alcanzar cambios en el mundo real, y luego regresan a su sentimiento usual de sentirse solos e insatisfechos con su vida. Siempre terminan detrás del escenario evitando pensar en sus problemas y no tarda mucho en que descubran un nuevo pseudoenfoque innovador.

No dejes que eso te suceda. Ve allá afuera y pruébate hoy: toma una tarea suficientemente difícil como para que puedas fallar e intenta tener éxito en ella. La realidad duele – es mucho más fácil seguir haciendo las cosas en las cuales sabes que eres bueno, o bien elegir algo tan difícil que creas que no haya punto alguno en el cual sea obvio que estes fallando – pero es imposible volverse mejor sin confrontarla.

La siguiente entrada es Abriga los errores.

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